Episodio 9 - El Miedo a lo Conocido (Especial de Terror).
Episodio 9 - El Miedo a lo Conocido
Bitácora del Caos | Escucha el episodio
EL MIEDO A LO CONOCIDO
Terror analógico y espacios liminales
1. Una señal fuera de lugar
Son las tres de la mañana.
Una televisión permanece encendida en una habitación vacía. La programación habitual se interrumpe. Aparece una pantalla negra y, segundos después, un mensaje de emergencia.
Una voz anuncia que las autoridades han emitido instrucciones para proteger a la población. Hasta aquí, nada parece extraordinario. Pero entonces ocurre algo extraño. La voz comienza a dar indicaciones contradictorias. La imagen se distorsiona y aparece un mensaje que no parece tener sentido. No sabemos qué está ocurriendo.
Ni siquiera sabemos si podemos confiar en la advertencia. Y quizá ese sea el verdadero problema. Durante décadas aprendimos a reconocer las señales de una transmisión oficial. Sus sonidos, sus gráficos, la solemnidad de sus mensajes.
Pero ¿qué sucede cuando esos mismos elementos comienzan a comportarse de una manera inesperada? ¿Por qué algo tan cotidiano como una televisión puede producirnos una sensación tan profunda de inquietud?
Tal vez porque el miedo no siempre nace de aquello que desconocemos. A veces nace de algo que creemos conocer perfectamente.
2. El pasado que nunca fue
En internet existe una forma de terror que ha encontrado en las viejas tecnologías un lenguaje particularmente efectivo. Se le conoce como terror analógico.
Sus historias suelen presentarse como grabaciones VHS, transmisiones televisivas, anuncios educativos o videos institucionales. Algunos contienen mensajes ocultos. Otros muestran acontecimientos imposibles con una aparente normalidad.
Y casi todos comparten una característica: parecen fragmentos recuperados de otra época. Uno de sus ejemplos más representativos es Local 58, una serie creada por Kris Straub que comenzó en 2015.
Sus episodios imitan transmisiones de una estación de televisión local, donde la programación es interrumpida por acontecimientos cada vez más perturbadores. Lo interesante es que no necesitamos haber vivido aquella época para reconocer su estética.
Las cintas deterioradas, los colores deslavados, las letras superpuestas y el ruido de interferencia forman parte de una memoria audiovisual compartida. Una memoria que internet conserva, reproduce y transforma. Y aquí aparece una contradicción.
¿Por qué sentimos nostalgia por imágenes que, en algunos casos, ni siquiera pertenecen a nuestros propios recuerdos?
Quizá porque no recordamos únicamente nuestras experiencias personales. También construimos familiaridad a partir de imágenes, historias y objetos culturales que hemos visto repetidamente.
Internet ha convertido el pasado en una enorme colección de fragmentos accesibles. Pero cuando esos fragmentos pierden su contexto original, también pueden adquirir nuevos significados.
Un video educativo puede transformarse en una advertencia. Un anuncio infantil puede parecer amenazante. Una transmisión de emergencia puede dejar de transmitir seguridad. La tecnología que alguna vez nos ayudó a comprender el mundo se convierte, por unos minutos, en algo que ya no sabemos interpretar.
3. Cuando lo humano deja de serlo
Sin embargo, basta alterar ligeramente alguno de esos elementos para que nuestra percepción cambie.
En 1919, Sigmund Freud publicó un ensayo titulado Lo siniestro.
En él exploró una experiencia desconcertante: la aparición de lo extraño dentro de aquello que consideramos familiar. Esta idea no explica por sí sola el terror contemporáneo, pero ofrece una manera interesante de observarlo.
Pensemos en un rostro. Podemos reconocer expresiones humanas con extraordinaria facilidad.
Una sonrisa. Una mirada. Un gesto de preocupación.
Una sonrisa que permanece demasiado tiempo.
Unos ojos que parecen mirar hacia un lugar incorrecto.
Una voz conocida que utiliza una entonación extraña.
Estos recursos aparecen en The Mandela Catalogue, una serie de Alex Kister en la que ciertas entidades pueden imitar la apariencia humana.
La amenaza no siempre está en su aspecto monstruoso. Está en la posibilidad de que aquello que reconocemos como humano no lo sea.
Por otro lado, Gemini Home Entertainment utiliza la estética de antiguos videos educativos para presentar un mundo amenazado por fenómenos biológicos y cósmicos.
La narración conserva una apariencia informativa, incluso cuando describe situaciones imposibles. Y ese contraste resulta especialmente efectivo. Nuestro cerebro utiliza experiencias previas para anticipar lo que ocurrirá a continuación.
Una teoría contemporánea, conocida como procesamiento predictivo, estudia cómo las expectativas participan en nuestra percepción del entorno. Cuando encontramos algo que contradice esas expectativas, necesitamos revisar nuestra interpretación.
Por supuesto, no toda anomalía produce miedo. Pero cuando se combina con incertidumbre y una posible amenaza, puede generar una inquietud persistente.
Quizá por eso una figura apenas visible al fondo de una habitación puede resultar más perturbadora que un monstruo presentado con absoluta claridad. Mientras no sabemos qué estamos observando, nuestra mente sigue intentando comprenderlo.
4. Lugares que esperan a alguien
Imagina una piscina pública.
La iluminación es blanca. El agua está completamente inmóvil.
No hay personas. Tampoco escuchas conversaciones, salpicaduras o pasos. Todo parece limpio y perfectamente conservado. Sin embargo, algo resulta extraño. No porque el lugar sea peligroso. Sino porque parece estar esperando a alguien.
Una sensación parecida aparece en las fotografías de espacios liminales. Pasillos de hoteles, escuelas vacías, centros comerciales desiertos, salas de espera. Son lugares que conocemos por su función.
Sabemos cómo deberían utilizarse. Pero cuando los observamos fuera de su contexto habitual, pueden parecernos escenarios incompletos.
Los Backrooms llevaron esta experiencia a una dimensión colectiva. En 2019, una imagen de habitaciones amarillentas y luces fluorescentes inspiró en internet la descripción de un laberinto aparentemente infinito, al que una persona podía llegar atravesando accidentalmente los límites de la realidad.
Aquella imagen terminó convirtiéndose en una historia colaborativa, ampliada después mediante videos, videojuegos y comunidades enteras.
Lo fascinante es que su origen no estaba en una criatura sobrenatural. Era una habitación. O, mejor dicho, la fotografía de una habitación. Nada más.
Su fuerza estaba en la posibilidad de reconocer el escenario sin conseguir ubicarlo. Quizá nos recuerda a una oficina que visitamos de pequeños.
A un edificio público. A un lugar que apareció alguna vez en un sueño. La sensación es extraña: una especie de nostalgia sin un recuerdo preciso.
Aunque conviene hacer una distinción. Estos espacios no provocan miedo en todas las personas. Algunas encuentran en ellos tranquilidad, melancolía o incluso belleza.
Y eso también dice algo sobre nuestra percepción. No observamos los lugares únicamente por sus características físicas. Los interpretamos a través de nuestras experiencias y asociaciones.
5. La inquietud de reconocer
Hay algo que conecta estas distintas formas de terror. No solamente sus imágenes.
También la manera en que existen y se transmiten dentro de internet. Durante mucho tiempo, las historias de miedo dependieron de un narrador que conocía el relato completo.
Pero la cultura digital ha permitido construir ficciones fragmentadas. Un usuario encuentra una grabación. Otro descubre un mensaje oculto. Alguien propone una teoría. Y miles de personas intentan reconstruir una historia que quizá nunca tendrá una explicación definitiva.
Así, el espectador deja de ser solamente un espectador. También puede convertirse en investigador. No necesita comprender todo lo que ve para involucrarse.
De hecho, la ausencia de respuestas puede ser una de las razones por las que continúa explorando. Y esto plantea otra pregunta.
Si estas historias están diseñadas para incomodarnos, ¿por qué las buscamos voluntariamente? La investigación contemporánea sobre el disfrute del terror propone distintas explicaciones. Una de ellas sugiere que las experiencias ficticias pueden permitirnos explorar la incertidumbre dentro de un entorno relativamente seguro.
Podemos experimentar tensión, curiosidad o miedo, sabiendo que es posible detener la reproducción y regresar a nuestra vida cotidiana.
El terror se convierte entonces en una forma de experimentar con nuestras expectativas. Intentamos anticipar la amenaza. Buscamos patrones. Construimos explicaciones. Y, cuando creemos haber comprendido lo suficiente, aparece otra anomalía. Tal vez por eso el terror analógico y el liminal encontraron un espacio tan fértil en internet.
Porque son formas narrativas que funcionan especialmente bien cuando el público puede detener una imagen, examinar sus detalles, compartir interpretaciones y regresar a ella. Una cinta deteriorada ya no es solamente un objeto antiguo. Puede convertirse en un misterio colectivo. Un pasillo vacío ya no es únicamente un escenario.
Puede convertirse en un lugar que miles de personas sienten haber visitado, aunque nunca hayan estado allí. Y un recuerdo que no nos pertenece puede terminar formando parte de nuestra imaginación.
6. Cuando termina la transmisión
Quizá el terror moderno no haya inventado una nueva forma de sentir miedo. Tal vez simplemente encontró nuevas maneras de provocar una sensación muy antigua. La inquietud que aparece cuando aquello que conocemos deja de comportarse como esperamos.
Un rostro ligeramente diferente.
Una habitación demasiado silenciosa.
Una voz familiar que pronuncia palabras equivocadas.
Internet nos ha permitido compartir estas experiencias, transformarlas y construir historias alrededor de ellas. Pero hay algo que permanece fuera de la pantalla. Nuestra necesidad de comprender lo que observamos. De encontrar explicaciones. De recuperar esa sensación de familiaridad que desaparece cuando algo no encaja.
Volvamos a la televisión del principio. La señal de emergencia ha terminado. La programación habitual regresa a la pantalla. Todo parece normal. Y, sin embargo, ahora escuchamos con más atención. Observamos los movimientos de las personas. Leemos cuidadosamente los mensajes. Buscamos pequeñas anomalías.
La televisión no ha cambiado. Lo que cambió fue nuestra manera de mirarla. Y quizá ahí reside una de las formas más inquietantes del terror. No en mostrarnos un mundo desconocido. Sino en conseguir que, durante unos instantes, el nuestro deje de parecernos familiar.
Si te interesa el tema, te recomiendo que visites:
Local 58 Creador: Kris Straub. Serie iniciada en 2015, centrada en transmisiones televisivas perturbadoras. Straub, K. (s. f.). LOCAL58TV [Canal de YouTube]. YouTube. Canal oficial
The Mandela Catalogue Creador: Alex Kister. Comenzó en 2021 y explora la suplantación de identidad y el terror psicológico. Kister, A. (s. f.). Alex Kister [Canal de YouTube]. YouTube. Canal oficial
The Mandela Catalogue Vol. 1 (2021) Kister, A. (2021, 9 de agosto). The Mandela Catalogue Vol. 1 [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=C8d12w6pMos

Gemini Home Entertainment Creador: Remy Abode. Serie iniciada en 2019, presentada como una colección de cintas educativas que esconden amenazas cósmicas y biológicas. Gemini Home Entertainment. (s. f.). GEMINI HOME ENTERTAINMENT [Canal de YouTube]. YouTube. Canal oficial
- Freud, S. (1919). Das Unheimliche [Lo siniestro]. Imago, 5, 297–324. https://web.mit.edu/allanmc/www/freud1.pdf
- Miller, M., White, B., & Scrivner, C. (2024). Surfing uncertainty with screams: Predictive processing, error dynamics and horror films. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 379(1895), Article 20220425. https://doi.org/10.1098/rstb.2022.0425
- Levesque, E. (2021, 29 de octubre). This Halloween's scariest horror movie is a YouTube series by a Wisconsin 18-year-old. GQ. https://www.gq.com/story/the-mandela-catalogue-youtube-horror-series-18-year-old-interview






Comentarios
Publicar un comentario